¿NO VALE LA PENA SER UNA PERSONA SOÑADORA?


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Algunos consideran que la imaginación y los sueños son propios de personas que no ven la realidad. A través de ellos se va construyendo un mundo ideal donde todo es posible, sin importar las adversidades que se  presenten en el camino. ¿Realmente será cierto que no vale la pena ser una persona soñadora?

Esto es algo que seguramente muchos habrán escuchado en varias ocasiones, desde el entorno más cercano hasta en distintas conversaciones con otras personas. Sin embargo, las respuestas casi siempre han estado divididas entre los que sí creen que es posible y  los que piensan lo contrario

En realidad todas las personas son soñadoras por naturaleza. A través del juego, de niños, cada uno se convertía en el personaje que lo podía todo y no se conocía la palabra imposible. Pero conforme los años avanzaron esa magia se fue debilitando, por distintas razones, y solo unos pocos conservaron ese optimismo, de vital importancia para alcanzar muchas de las metas propuestas.


Los sueños, de alguna manera, se convierten en esa meta ideal que es el mayor deseo de cualquiera. Son aquellas esperanzas que lo cautivan a uno, haciéndolo mantenerse firme a pesar de todo. Dependiendo de la convicción hacia ellos, entre muchos otros motivos, se podrán alcanzarlos hasta donde se crea posible.

Por otro lado, se encuentra el lado que muchas veces uno se niega a mirar: la realidad. Se podría decir que es una observación mucho más adulta de lo que se presenta tanto a nivel personal como de lo que ocurre fuera de este. Posiblemente esta sea la razón por la que uno huye de ella, aunque algunas veces sin darse cuenta.

Sin embargo, esto último no debe confundirse con la forma de enfrentar una situación, ya que se podría caer en prejuicios que no permitirían hacer un análisis correcto sobre una situación en particular. Un ejemplo sencillo de esto en el mundo de los negocios sería pensar que para tener un alto nivel de ventas de un producto solamente debe considerarse el precio del mismo, cuando en realidad hay muchos factores que influyen en su mayor o menor aceptación.

Te he mostrado ambas posiciones de manera imparcial. Ninguna es superior a la otra. Todo dependerá de la situación que tengas enfrente y tras un correcto análisis de la misma. Algo que te puede ayudar en este propósito es que adoptes una postura equilibrada entre lo que más desees y tus necesidades inmediatas.

Con esto último me refiero a que los sueños que desees alcanzar sean tu futuro deseado y fuente de inspiración, pero sin que esto represente un desinterés con lo que acontece en tu presente y todo aquello que debas resolver en el corto plazo.

Es bonito soñar, pero es mucho más agradable transformarlos en hechos más reales que lo hagan a uno sentirse satisfecho por haber conseguido lo que siempre se anheló. No hay que dejar que el tiempo avance y siempre es un buen momento para dar ese primer paso hacia el diseño del futuro deseado.
 

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