TEMOR A AMAR

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Quizás alguna o varias decepciones sentimentales de pareja del pasado han afectado esa confianza en creer que es posible darse una nueva oportunidad. El temor a amar bajo estas condiciones o cualquier otra que lo haya provocado es una forma de mantenerse a salvo para evitar un nuevo sufrimiento o negarse a explorar ese mundo desconocido debido al miedo de no ser correspondido.

El nombre científico  del miedo injustificado a amar es conocido como filofobia y puede desencadenarse como resultado de un entorno poco afectivo en la niñez, problemas en el desarrollo de la personalidad o una fallida experiencia sentimental con una anterior pareja, entre varias razones más. 

Pese a que su padecimiento puede afectar la relación de pareja, en distintos grados, por el poco interés al compromiso que manifiesta el involucrado junto con su autonegación a enamorarse, esto no impide que el mismo pueda establecer un vínculo afectivo amoroso con otra persona, aunque por lo general terminen en una dañina relación toxica.

Amar es mucho más allá que un abrazo y un te quiero. Es una entrega total y sin condiciones. Dar aquello que el otro no lo pidió. Sentir la presencia del ser querido en cada momento. Ir de la mano hacia un camino en común a pesar de algunas diferencias. No enfocarse en lo malo del otro sino en valorar lo bueno que tiene y ayudarlo en lo que falla.

Pese a la importancia de este sentimiento, muy deseado por varios, capaz de transformar las tristezas en alegrías, de unir en lugar de establecer diferencias, es muy poco apreciado o está al alcance de unos cuantos. Si se comprendiera este concepto de manera más extensa posiblemente sería mucho más fácil vivir mejor con uno mismo y entre los demás.


Cuando se ha pasado por una decepción amorosa, en algunas ocasiones, la posibilidad de volver a darse una nueva oportunidad no resulta fácil a pesar del tiempo transcurrido de la ruptura, ya que el daño ocasionado ha provocado una gran desilusión en el afectado y una pérdida de confianza en creer en una nueva relación, principalmente si lo ofrecido por alguien fue hecho en gran medida.

Además de los anteriores motivos de por qué se ha perdido ese interés en creer en el amor de pareja, la posibilidad de renunciar o dedicarle menos tiempo a otras actividades personales o de otra índole también pueden influir en esta actitud asumida de manera parcial o definitiva.

En algunas ocasiones uno siente que no es merecedor de tantas muestras de amor por la pareja y de alguna manera las rechaza, por considerarlas como una privación a la libertad y a la obligación de corresponderle en igual o similar proporción. Esto produce una continua inquietud, sintiéndose atrapado sin saber qué hacer, más que tomar la decisión de la separación.

Las poco satisfactorias experiencias del ayer o el desconocimiento de lo que puede ocurrir si se decide amar por primera vez no deben determinar el futuro deseado al respecto, impidiendo que se pueda descubrir nuevas oportunidades de rehacer o iniciar una vida sentimental junto a alguien.

De cada relación se puede obtener valiosas lecciones que hay que considerarlas siempre si se quiere dar un paso hacia adelante, reconociendo tanto los errores propios como de la anterior pareja, con total sinceridad y lejos de cualquier prejuicio, con el firme propósito de perderle ese temor a amar una vez más.

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