El valor de la vida humana: Reflexión



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Hoy más que nunca se necesitan hombres y mujeres que vayan en busca no solo del desarrollo individual sino también colectivo, de lo mejor para los unos y los demás. Para ello es necesario hacer una reflexión sobre el valor de la vida humana que muchas veces no la apreciamos en su real magnitud.

La vida es muy valiosa porque gracias a ella podemos aprender a relacionarnos con otras personas, tener diferencias, equivocarnos en varias oportunidades, pasar diferentes momentos agradables e incómodos que nos enseñan a comprenderla y a descubrir nuestra propia dirección.   

Es cierto que hay circunstancias difíciles por las cuales pasamos en algunas ocasiones, pero esto no debe convertirse en algo determinante para seguir adelante. La resiliencia o la capacidad de superar las adversidades es una cualidad muy necesaria que debemos perfeccionar para esta finalidad.

Disfrutemos cada nuevo momento que tenemos ante nuestros ojos, procurando dirigir nuestras actitudes hacia las soluciones y no a los problemas. Dejemos de lado los malentendidos, los rencores del pasado y empecemos a transformar nuestra realidad involucrándonos más con uno y los demás.


En este sentido, es importante que reservemos una parte de nuestro tiempo para pensar en ¿Cómo estamos viviendo? ¿Es acaso lo que siempre deseamos? ¿Nos acercamos a ello o nos hemos desviado del camino? ¿Qué valoramos en nuestra vida? ¿Será lo más adecuado o podemos replantearlo?

Formemos el hábito de reservar unos minutos de nuestro día a día para hacernos preguntas sobre el desempeño de nuestros distintos roles (familia, trabajo, pareja, etc), sin ser tan estrictos, con el propósito de conocernos más, ser conscientes de nuestros errores y aprender cómo corregirlos.

Tratar de conocer o comprender a cada persona con quienes interactuamos, en forma directa o indirecta, debe ser una prioridad que debemos seguir con frecuencia, para así evitar caer en prejuicios o estereotipos que muchas veces nos alejan de descubrir cualidades quizás no visibles a simple vista sobre alguien.   

Hay que empezar a valorar lo que ya tenemos con nosotros, desde cada parte de nuestro propio cuerpo hasta las personas que forman parte de cada experiencia diaria. 

Si queremos vivir una vida más completa y con sentido, démosle la misma importancia a nuestro mundo interno como externo para estar cada vez más cerca de hallar las respuestas a lo que tanto nos inquieta de nosotros y los demás.